El yogur es un producto lácteo obtenido mediante la fermentación bacteriana de la lactosa (azúcar de la leche) en ácido láctico, lo que le da su textura y sabor característicos.

La elaboración de yogur requiere la introducción de bacterias "benignas" en la leche bajo una temperatura y condiciones ambientales controladas. El yogur natural requiere pasar por un proceso de fermentación en caliente a la temperatura de 43 grados para obtener el grado óptimo de acidez. Este proceso puede desarrollarse en varias horas para obtener el grado de acidez deseado.

Las bacterias utilizan como fuente de energía la lactosa (azúcar de la leche) y liberan ácido láctico como producto de desecho. Éste provoca un incremento de la acidez que hace a su vez que las proteínas de la leche precipiten, formando un gel. La mayor acidez (pH entre 4 y 5) también evita la proliferación de otras bacterias potencialmente patógenas.

Una vez obtenida la acidez óptima, debe enfriarse el yogur obtenido hasta los 5 grados para detener la fermentación.

Debido a que las bacterias fermentan la lactosa contenida en la leche durante el proceso de elaboracion del yogur, aquellos que presentan intolerancia a la lactosa pueden disfrutar del yogur sin verse afectados.

Nutricionalmente, el yogur es rico en proteínas procedentes de la leche. También contiene la grasa de la leche con la que se produjo. En el proceso de fermentación, los microorganismos producen vitaminas necesarias para su metabolismo, aunque reducen el contenido de algunas ya presentes en la leche como la B12 y C. Contiene minerales esenciales, de los que destaca el Calcio, como en cualquier lácteo.

Para la elaboración de yogur casero puede usarse una yogurtera o una incubadora. La diferencia entre una y otra reside en que la primera requiere de energía eléctrica para incrementar la temperatura hasta los 45ºC muy lentamente para que se produzca la fermentación bacteriana de la lactosa, y en la segunda, la leche y las bacterias se introducen a 45ºC y, también muy lentamente, la temperatura va disminuyendo para favorecer dicha fermentación. En el caso de la incubadora no es necesaria la energía eléctrica.

Personalmente, utilizo la incubadora de Yogotherm que me da muy buenos resultados en la elaboración de derivados lácteos. La receta que viene a continuación se basa en el uso de la incubadora.

Es imprescindible respetar una única norma, común en la elaboración de cualquier derivado lácteo. Todos los utensilios utilizados en la elaboración de derivados lácteos deben mantener una escrupulosa higiene. Recomiendo hervirlos en agua siempre antes y después de su uso.

Yogur Natural Casero

Para un litro de yogur (8 unidades de 125 gramos).

Ingredientes

  • 1 litro de leche fresca pasteurizada semidesnatada.
  • 125 mililitros de yogur natural (tarro de cristal).

Elaboración

  1. Calentar la leche a 45ºC. Puede calentarse en el microondas directamente en el envase de la incubadora.
  2. Remover la leche para uniformizar la temperatura.
  3. Añadir el yogur natural a la leche caliente. Remover.
  4. Tapar el envase de la incubadora e introducirlo en la incubadora.
  5. Dejar fermentar la leche entre 8 y 12 horas. Cuando más tiempo esté fermentando más ácido quedará el yogur.
  6. Abrir la incubadora. Destapar el envase de la incubadora y remover su contenido para lograr una textura uniforme.
  7. Dejar enfriar en el frigorífico, por lo menos, 4 horas.

Después de la primera elaboración de yogur, evaluar el resultado y reducir/incrementar el tiempo de fermentación para lograr un sabor más o menos ácido.

Se puede servir el yogur acompañado con miel que, al ser dulce, reducirá la acidez y le aportará un sabor peculiar. También se puede acompañar de frutos rojos, muesli, compota, etc.